viernes, 28 de marzo de 2014

Revolution mola

Es que parece una partida de rol, y los personajes, pues pejotas.

Primero, que los jugadores se hacen los personajes en plan roleplayístico y tal. Que si yo el informático, que si yo la científica, yo soy el tal y yo el cual.

Y la cosa empieza con su historia y todo. Sólo mosquetes, alguna ballesta... hasta que el máster coge carrerilla a la media hora y los jugadores empiezan a ver que la cosa va de hostias. Entonces usan los peequis para ir poniéndose habilidades de combate y lo demás como que deja de ser importante. Total...

Menos uno, que se ve que ahorra hasta que se coge poderes mágicos, que son más caros.

Sí, que se jodan los espoilers.

Hay un personaje y todo que el jugador deja morir para hacerse otro que reparta más caña.

De vez en cuando intentan ir a lo suyo. Quizás intentando completar objetivos personales, o algo así, no lo sé. Pero el máster (que no es muy bueno) les obliga una y otra vez a volver al módulo.

Módulo que va improvisando salvajemente. Si yo fuera él, dejaría que los jugadores llevaran un poco la partida.

Se nota que los jugadores se quejan a mitad de partida de que la cosa es un poco sosa, porque de mosquetes y espadas, y el ocasional arma de fuego, la movida cambia bastante y hay fusiles de asalto para hacer temblar a John McLaine. ¿Y la munición? Cualquiera diría que la siguen fabricando.

Al final de la primera temporada va el máster y decide cambiar las reglas del juego, mandar la ambientación a la mierda y hacer las cosas a su bola. Pero cuando se reunen de nuevo ha cambiado de opinión y decide que va a seguir usando la ambientación oficial, que currarse una nueva es demasiada paliza.

Pero sube las apuestas. Reparte peequis, los jugadores evolucionan a sus personajes, rollo "pues me compro esta habilidad, y aquella, y la otra", llega alguien nuevo a la mesa y le dan un peenejota de la partida anterior...

Los más viejos del lugar recordarán la sensación "mágica" de leer Dragonlance por primera vez y que molara tanto no porque fuera un buen libro (mierdaaaacaaaaaaa), sino porque era una partida.

Pues con *"Revolution"* pasa LO MISMO.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Al final del túnel

¡Dios! ¿Cuándo veré la luz? Ni tan siquiera recuerdo si alguna vez la he visto... he oído hablar tanto de ella, del final del túnel, que ya me da igual si realmente la he visto y la recuerdo o si sólo la imagino... sé que me espera al final, cálida, brillante, acogedora, con todos los que lograron salir antes que yo esperándome al otro extremo... 

Después de ¿meses? ¿años? ¿horas o días? allí encerrado, entre apreturas, entre otros tantos, nuevos y viejos, bañándonos en nuestra propia miseria, deshaciéndonos, desintegrándonos, dejando a nuestro alrededor lo que una vez fuimos y ya no seremos, convirtiéndonos en... ¿en qué? No lo sé, pero ya ninguno de nosotros será jamás lo que éramos. Después de mi encierro, de mi tortura, de mi lenta agonía, por fin encontré la entrada del túnel del que nadie hablaba y todos susurraban: el túnel que habría de llevarme a la libertad, al gran azul, a la luz, al aire... 

Jamás pensé que existiría, pero era cierto. Allí estaba, y tras un brevísimo instante de duda, me lancé a él. Yo y los que estaban a mi alrededor. Nos abrimos hueco como pudimos, empujando, arrastrándonos... el túnel parecía moverse, nos aplastaba y obligaba a apiñarnos aún más, unos contra otros, obligándonos a formar una masa compacta que gruñía, forcejeaba, se arrastraba.

Casi creí que era una trampa, otra tortura más. Creí que era un sutil engaño ¿libertad? ¡No! Tenía que ser algo peor, una broma cruel, simplemente, una angostura que nos haría añorar el lugar del que acabábamos de escapar. Pero no. No podía ser eso. Debía estar loco. Los demás luchaban como yo, y todos lo hacíamos para avanzar por el túnel, por llegar al final del que tantos rumores habíamos oído... el gran azul... 

Con el tiempo, no sé cuánto, el túnel se estrechó aún más. De tanto en tanto alguno de nosotros queda atascado y los demás le ayudamos a avanzar. Ya no luchamos entre nosotros. No tiene ningún sentido: nos pongamos como nos pongamos, sólo es posible arrastrarnos de uno en uno, en la oscuridad, entre estas paredes estrechas, resbaladizas, húmedas, viscosas... no quiero ni pensar en qué podría ser lo que me acaricia por todas partes, estos... zarcillos, aquella... no sé cómo describirlo, sino como mucosidad. 

¿Cuánto tiempo llevaré aquí, soñando con el final del túnel, con poder salir al aire, con llegar al gran azul? 

¡Por fín! ¿Qué sucede? ¡El que iba por delante de mí ha salido! Pero... el túnel parece cerrarse ante mí ¿qué es esto? ¡No! ¡Yo tenía razón! ¡Las esperanzas no eran sino un engaño! ¡No hay nada, el túnel se cierra! No hay aire, no hay luz, no hay nada

Pero... espera un momento, parece que no, que el túnel vuelve a abrirse. Me lanzo a la salida, asomo, el túnel se agita, convulsiona, me empuja, es como si me quisiera fuera, como si estuviera vivo y me arrojara de sí, me lanzo ¿a dónde? Al vacío, salto al vacío, no sé lo que me espera... mi compañero, el que salió antes que yo me espera en medio de la luz,... en el gran azul... 

Un momento, esto no es azul. Es agua y no hay luz, todo es blanco y vuelvo a estar nadando. ¿Dónde estoy? ¿Qué es todo esto? Se hace la luz sobre mí... luz, luz, luz... es como la recuerdo, o la imagino, es tan brillante, tan pura, tanluminosa. Oigo voces. 

- ¡La Virgen! ¡Pedazo zurullo que he soltado! ¡Ven, ven a mirar esto! ¡Mira qué submarino, mira! 
- ¡Joder, qué asco, tira de la cadena, coño! 

miércoles, 8 de enero de 2014

Consolas y muñequitos

He probado "Skylanders" y me lo estoy pasando pipa: cada día, un nivelito.

Yo no soy de juegos de plataformas o arcade de pegar muchos tiros. A mí me gusta más el rollo exploración y combates por turnos, algo de estrategia en tiempo real, y siempre un jugador, que así juego a mi ritmo.

La única pega que le veo a Skylanders es que no puedes parar y grabar partida: o te acabas el nivel o estás jodido: si lo dejas lo tienes que reempezar.

Pero el juego me encanta: es divertido, rápido, de disparar o pegar como un loco, los muñequitos son graciosos y bonitos, los escenarios son preciosos,... y hasta ahora, aunque sea infantil, tiene más y mejor historia que otros juegos "blockbuster". Vamos, es que la ambientación, con lo simplona que es, ya es más profunda que la de otros muchos juegos.

No es que los personajes tengan mucha profundidad (aunque me PARTO de risa con los extras y los secundarios: hay un barquero que es mucho más personaje que los protagonistas de otros juegos).

Se nota mucho el toque sacaperras ("necesitas este muñeco para jugar esa parte, así que la puerta se queda cerrada") pero, oye, ya lo sabía antes de pillarlo: es un juego de coleccionar muñequitos :-)

He estado mirando el Infinity de Disney y aunque la premisa es similar, me llama bastante menos por aquello de que los personajes tienen que jugar en su propio mundo. Claro, estoy IMPACIENTE porque Disney espabile y saque el Infinity de Marvel. Eso sí que va a ser un bombazo.

Ya lo estoy viendo: cada personaje o colección de personajes en su mundo: veo un Spiderman para el juego de Spiderman, con muñequitos de la Gata Negra, los distintos colorines y clones de Spiderman... un rollo tipo ero Clix, pero en divertido ^_^ Patrulla X: todos los muñequitos en escenarios para mutantes buenos y mutantes malos, y rollos de ese tipo, un juego de tiros con Deadpool y/o Frank Castle, Caballero Luna... y juegos "combo", o "team up": escenarios para mezclarlos a todos, tipo Vengadores.

Claro, cada película con su juego y su nueva colección de minis, eso que no falte.

No entiendo a qué están esperando, la verdad.

El rollo este de mezclar consolas y muñequitos da para muchas opciones muy chulas: un juego de robots que, al estilo Skylanders Swap Force, puedas combinar, estilo Front Mission, cambiándoles piernas, brazos, armas... un Metal Slug en el que juegues con tu muñequito de mercenario, o aquel juego de figuras de acción de Shadowrun (que MOLABAN ENEMIL) versionado a consolas...

Eso por no hablar de juegos de mazmorreo y las ocho millones de posibilidades de personajes que pueden sacar.

Maremía, a ver si no la cagan con este invento.

--
Carlos J. Hidalgo.-

jueves, 19 de diciembre de 2013

Dados indignados

Tengo la bolsa de dados en estado de crispación.

El d6 empieza a protestar porque sólo le usamos para hacer daño, dice. El d8 insiste en que el d6 es un privilegiado porque, además de sólo para el daño, le usamos para hacer personajes, cayendo en el conveniente olvido de que también sirve para señalar direcciones y dispersiones.

El d100 está que echa fuego porque dice que los d10 se dedican al intrusismo. Pero los d10 se sienten marginados porque ya no juego narrativo, que se marean mucho cuando les utilizo de peonzas, que ellos son algo más que peonzas y que ya está bien.

El d4 es más conformista, y empieza a ser representativo de la minoría silenciosa que querría que los guerreros también les dieran uso, pero que por ahora se conforma, que aunque tiene más motivo de queja que el d8 y el d6, no dice nada, gracias.

Dice el d12 que el d20 le tiene oprimido, que si no fuera por él, tendría más oportunidades de mostrar su valía. El d20, hay que decirlo, se ríe del resto y dice que están ahí sólo porque Gygax no sabía qué hacer con ellos, "que sobraban". Según el d20 él sirve para todo, que "repitiendo sólo algunos valores sirvo para sacar cualquier número".

El d30 tiene algo que decir al respecto, pero se calla porque es bastante consecuente y sabe que ha llegado el último. Lo mismo pasa con el d24, que sabe que está ahí sólo porque es una "novelty", el "pez cantante" de la bolsa.

Y, aparte, los dados gema insisten en que debe haber transparencia por encima de todo, a lo que se oponen frontalmente los dados compactos, que "esto ha sido siempre así y las tradiciones hay que respetarlas". Entre dos aguas nadan los escarchados, que no se decantan por uno u otro lado y andan dando la razón unas veces a unos y otras a otros.

martes, 10 de diciembre de 2013

¡Que no seas tonto, que el fuego quema!

Si alguien se inventara una historia sobre nuestra clase política, estilo "el PP se ha dedicado a financiarse con dinero de las viejecitas y se lo gastaba todo en misas negras, homeopatía y safaris de cazas de focas blancas". O el PSOE, o CIU, o cualquiera de estos, ERC, PNV, IU (o abierta, o plural, no sé, esa gente me tiene despistado con los nombres), y a la historia de mentira le diera cierto "viso" de credibilidad, prácticamente todo el mundo se lo creería.

Y eso es muy triste, porque significa que tenemos menos que confianza cero en nuestros dirigentes. Es gente a la que no sólo confiamos eso que dicen "administración de la cosa pública", no es sólo nuestros dineros: es todo. Es nuestra vida, nuestra libertad, nuestro futuro y el de nuestros hijos. Que si a la mayoría pensar en las generaciones venideras, tipo "hijos de nuestros hijos" nos queda lejos, ahí están, o estarán.

Y los pueblos necesitan confiar en sus dirigentes, necesitan creerles porque saben que no les van a engañar, no porque sean creíbles o parezcan de fiar, sean más o menos guapos o hablen bien. Chacho, es que ni siquiera tienen que hacerlo bien: podemos concederles hasta ser humanos y que la caguen, porque si confiamos en ellos y la cagan será responsabilidad de todos. Lo que no podemos es no fiarnos de ellos.

Ahora mismo, si sale Mariano, Rubalcaba o cualquiera de esta cafarna que tenemos viviendo del cuento, y dice "yo soy esto", y CUALQUIERA nos dice "no, es lo contrario", automáticamente creeremos al cualquiera, porque tenemos grabado a fuego la idea de que todos son iguales, todos mienten y todos se aprovechan de nosotros.

Tenemos una clase política que se ha ganado A PULSO que no les creamos y que estemos predispuestos a creer cualquier cosa mala, inmoral o ilegal que nos cuenten de ellos o que han hecho.

"Pues me han dicho que ha salido una noticia que Cospedal va a privatizar los derechos de autor de Don Quijote y los molinos de viento a una compañía de su marido". Y nos lo creemos. "Pues me han comentado que salió en la tele que Rubalcaba cuando era ministro del interior se gastó tropochientos millones en desarrollar un plan de lucha contra los zombis". Y, claro, nos lo creemos. "Oye, me ha dicho uno que leyó en internet que Rajoy va a ilegalizar no tener el carnet del PP" y zas, será verdad.

Básicamente, cualquier burrada que cuentes con tono serio, será creída.

Hasta ese extremo hemos llegado.

Y es que es tristísimo. Somos una sociedad que sólo confía en sus dirigentes y gente que vive de nosotros en la medida en que lo que sepamos de ello vaya en el sentido de que nos tangan y son unos vividores.

Pero no es culpa nuestra, es a lo que nos han acostumbrado.

Claro, es que lo malo no es eso. Lo auténticamente malo es que nos sigue dando igual. "Oye, que hay vídeos de Rajoy diciendo a Botín que o le regala millones y millones o le cierra el banco, y Botín dándole los millones". y no sólo nos lo creemos sino que... nos da igual.

Nos cuentan algo, lo damos por cierto, nos encogemos de hombros y ellos siguen haciéndolo. Nos gritan "¡que se jodan!" desde EL PUTO PARLAMENTO, hacemos unas bromitas y nos olvidamos.

Hoy me ha cabreado un titular. Enlace tal cual:


El titular: 
"Los datos sobre desigualdad que Rajoy no quiere ver"

Y me ha salido del alma. Señores, que ya está bien. Que no es que no los quiera ver, que los ve, que lo sabe, QUE LE DA IGUAL, QUE LE RESBALA, QUE SE LA SUDA. 

A ver si lo entendemos de una vez por todas: que no es que no se enteren, que no es que sean torpes, que no es que hagan lo que les da la gana porque son unos cabrones. Que es que les damos igual, joder. Que es que hacen lo que quieren porque les dejamos. Que no son el ciego del Lazarillo, que son el Lazarillo, que ven al de al lado cogiendo dos uvas y como nadie les dice nada, cogen tres, que es que SOMOS TONTOS.

Es que es así. A lo mejor individualmente, cada español es un crack. Bueno, cada español, cada alemán, USAmericano, europeo, lo que quieras. Pero como conjunto somos unos imbéciles de lo peor. Como mente colmena no pasamos de coeficiente cuatro, que es que nos cuesta respirar y hablar al mismo tiempo. "¡No hay pan para tantooooohhh... fútboool" "¡No nos repreeeenoooooh... la Esteban ha vueltoooo boniiitoooo... brillaaaaaa".

Rajoy y sus siete enanitos no han parado de mentir y de robarnos desde que llegaron. Literalmente. Lo único que han cumplido es la putada semanal de cada viernes tras el consejo de ministros. Si han demostrado una cosa es que su palabra no vale NADA. Que son mentirosos, embusteros, que sabes a ciencia cierta que si dicen algo, es mentira.

Pero se pasan dos semanas diciendo "eh, gente, fin de la crisis", y vuelven a subir en las encuestas. 

¡¿PERO ES QUE ESTAMOS GILIPOLLAS O QUÉ?!

En un país con un coeficiente colectivo normal, no ya de genios o de gente inteligente, normal: pongamos que si la mente colectiva fuera la de una persona, España fuera alguien capaz de, no sé: controlar sus esfínteres y saber que si mete la mano en el fuego, pupa. Pues en un país así, el PP y el PSOE sacarían una cantidad de votos cercana a ellos: sus militantes y ya está. Pero es que NI UNO más. 

Pero no. En esta comparación, España es un país que se caga y se mea encima y que ve fuego, mete la mano, se quema, "¡ay!", lo mira, dice "fuego bonito, fuego brillar" y volvemos a meter la mano.

Y si fuéramos una sociedad normalita, que tuviera claro lo que es la democracia, supiera lo que le conviene, no metiera la mano en el fuego una y otra vez, y tal, esta gentuza estaría en la cárcel. Diría que colgando de las farolas, pero no. No porque repudie la violencia ni nada de eso, sino porque morir es demasiado bueno para ellos. Cárcel para toda la vida. Mételes de cuatro en cuatro en celdas de treinta metros cuadrados. A ellos y a sus compinches.

Pero no, porque somos tontos, nos quemamos, miramos al fuego y volvemos a meter la mano.